Son ya años los que lleva Avilés
acometiendo obras en sus calles y plazas sin tener en cuenta una perspectiva
global que nos permita construir y remodelar la ciudad de acuerdo con las
Directrices y Estrategias;
que, desde la UE y el Gobierno, pretenden orientar las ciudades hacia objetivos
de sostenibilidad
urbana.
En las últimas décadas del pasado
siglo, el crecimiento urbano se adaptó a la circulación del vehículo privado
ensanchando calles, abriendo avenidas, habilitando aparcamientos; medidas todas
ellas que estimulaban el aumento de la circulación a motor por la ciudad, en la
misma medida en que el peatón perdía autonomía.
Paralelamente a este proceso,
pero en relación directa con él, aumentaron los índices de contaminación atmosférica,
así como el número de accidentes y enfermedades derivadas del ruido y la
contaminación. Se potenció durante años el transporte privado en detrimento del
público, lo que ocasionó además, la discriminación de aquellos sectores de
población que por sus características no disponían de vehículo privado. Todo
ello cuestiones ampliamente analizadas, y que desde hace algunos años se
intentan corregir poniendo en marcha Planes de Movilidad que abran la ciudad a otros modos de transporte más
beneficiosos para la población y el medioambiente, y de mayor equidad para la
sociedad.
La bicicleta es un modo de transporte adoptado con éxito en numerosas ciudades europeas. Entre otras ventajas, no produce ruido, ni contaminación, ni gasto de combustible y ocupa menos espacio que el coche; así que su uso se ha potenciado como sustituto ideal del vehículo privado en determinado tipo de desplazamientos. Necesita; eso sí, un espacio propio para circular sin riesgo; que las conexiones estén bien planteadas para el intercambio con otros modos de transporte; y buenos accesos en lugares de tránsito como estaciones, centros escolares, sanitarios, deportivos, etc. En definitiva, bien conectado con el sistema de infraestructuras y equipamientos de la ciudad.
Caminar por la ciudad puede ser
un modo habitual de desplazamiento en determinados trayectos. No me refiero
solo a los itinerarios pensados para el ocio de la ciudadanía, sino en
trayectos dentro de la ciudad; que, libres de vehículos, de ruido y de
contaminación, resulten óptimos para el desplazamiento a pie.
Avilés debería tener un Plan de
Movilidad participado por la ciudadanía, que fuera la expresión de las
necesidades de movilidad de su población; y para ello, el Ministerio competente
ha elaborado una Guía
de Actuación para su implantación municipal. No se entiende que el Ayuntamiento de Avilés no se haya
hecho eco todavía de estas orientaciones.
Pensemos en recientes remodelaciones
como la realizada en Las Meanas; o en determinadas calles levantadas en los últimos años como Francisco Orejas, Cuba, José
Cueto, González Abarca, Llano Ponte, Travesía de la Industria… Todas ellas
importantes en el entramado urbano avilesino; y algunas, con un papel
relevante en la conexión con equipamientos o con otros municipios cercanos; como Llano Ponte – salida hacia autopista Y, Versalles, Villalegre y La Luz-; González Abarca –conexión de Sabugo con los IES Menéndez Pidal, nº 5, Escuela
de Idiomas, y La Plata-; José Cueto –conexión del Quirinal con Las Meanas y la
ría de Avilés-; Travesía de la Industria – conexión de Avilés con el mar-; por
citar algunas.
En la realización de estas obras,
no se incorporó una visión de conjunto de los diferentes modos de transporte
que pudieran ser beneficiosos para la ciudad; perdiendo así, la oportunidad de optimizar las
inversiones y situar Avilés en el camino que sin duda, tarde o temprano, tendrá que
iniciar, tomando ejemplo de otras ciudades
que ya han emprendido esta tarea desde hace tiempo con excelentes resultados.
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