Algunos no se han enterado todavía y llegan aquí a lomos de patilargos elefantes blandos como en un cuadro de Dalí, cargados de abalorios pseudo-culturales y dorados arcones de quincalla mediática; seguidos de bufones y saltimbanquis autonómicos, que los siguen deslumbrados; como lo hicieron en su tiempo los indígenas al ver a Colón llevando a América el huevo de la serpiente, disimulado entre las refulgentes cuentas de vidrio.
Llaman a Avilés pueblecito y tal vez lo sea, pero de lo que no cabe ninguna duda es en lo referente a don Corleone: este vino de afuera, y como dijo un cantautor: “le habéis vendido hasta los sueños”. Indigna verlo mirar por encima del hombro como si bajara de la montaña con las tablas de la ley en la mano. Recita, uno a uno, los logros culturales que su varita mágica ha convertido en maná vivificador para un pueblo acostumbrado a ponerse las moscas cuando venían los turistas. Después del gran profeta todos nos hemos ungido con el óleo sagrado de la modernidad y somos más “cool”.
Ya podemos decir que vino Woody Allen a estrenar una infame película que mueve a risa – el papel de Bardem como artista es “pa mear y no echar gota”-, mientras duerme el sueño de los justos Jardiel Poncela, uno de los humoristas más grandes que dio este país, y que no le iba a la zaga en cuanto a ingenio y creatividad – léase su novela “ La tournée de Dios”-. Pero…, claro, sus personajes no agitaban copas de vino en un ambiente decadente de New York , y se contentaban con pinchar olivas y beber vermouth en tascas del viejo Madrid.
Presume el profeta de haber traído grandes exposiciones. Pase lo de Julián Schnabel, porque era muy querido entre la intelectualidad de la “Bodeguilla”, -aún recuerdo la inauguración de una exposición suya en una casa en ruinas y toda la “créme” pisando cascotes y jodiendo los tacones-, pero la exposición de Jessica Lange… Sin comentarios. Aunque lo que más me duele es el “pastón” que se llevó el señor Carlos Saura por el Retablo de Las Maravillas de cartón piedra. Eso sí que fue arte: ser capaz de vender humo y no darse cuenta nadie de que el rey estaba desnudo.
De los actores de cine no digo nada, los de teatro son otra cosa, lo dice más o menos así Carlos Barral: “El cine es el libro de los simples”.
Luis Taboada
Luis Taboada es artista.



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