¿Qué ojea un avizor?
Es mi primer Ojo Avizor y me siento inquieto, tocado por la responsabilidad de desnudar algo de lo que veo y compartirlo públicamente, encima con el compromiso ético y profesional, aunque no remunerado. Para mi lo primero que me parece digno de ojear es la justicia, porque a través del ejercicio de ella, vemos las diferencias y los acercamientos entre lo que esta realidad ofrece y lo que nosotros elaboramos en nuestra utopía de igualdad e imparcialidad.
Qué más hay que observar, qué ver en lo público, siguiendo una secuencia. Si lo primero es ver la justicia de los hechos, lo segundo sería ver la bondad, lo que los liberales y algunos economistas llaman la ganancia, lo que tiene que ver con el retorno del capital invertido en la acción. Cualquier acto público debe entrañar un beneficio social, o una ventaja económica, se mire desde una ideología o desde otra, la acción pública tiene como meta el bien general. Y encontrar en el análisis alguna bonomía para la población de un territorio, a veces no es fácil. La bondad entonces sería lo segundo a observar.
Y por último me ocupa y preocupa quién leerá lo que escriba. Yo no escribo para desconocidos, ni para famosos como Wody Allen o Brad Pit, sólo escribo para personas normales y corrientes. Personas que pueden vivir en lugares irrelevantes, que sin tener grandes recursos, unidas son capaces de hacer cosas excepcionales. Escribo para personas que se sienten parte de algo más grande que su propia individualidad, por muy famosa y singular que esa personalidad sea. Escribo para las personas que son capaces de unirse en equipo y hacer cosas juntas.
Mi primer Ojo Avizor lo quiero poner en Avilés, en sus habitantes. Hay cosas que funcionaron bien y que pueden seguir haciéndolo. Algo que nos confiere identidad de ciudad creativa, algo tan buscado a través de todas las planificaciones de ciudad, que se ha convertido en el principal motor del desarrollo local. Es algo del pasado, evidentemente evaluativo, que tiene que ver con la capacidad de trabajar en equipo, de ser un grupo organizado a la tarea, donde las decisiones se desarrollan como procesos de integración y consenso, de debate y negociación, de análisis y acción.
Una ciudad creativa depende del talento local que posea, de su conocimiento tecnológico y de sus valores. Esta ciudad tiene un futuro que enfrentar que pasa por el Centro Niemeyer. Por su importancia económica, con algo más de cincuenta millones de euros del erario público, invertidos en un centro dinamizador que mejoraría la calidad de vida de este territorio y contribuiría al desarrollo de una economía cultural en Avilés. De ese futuro se encargarán los planificadores, que son parte de un sistema que respondió a las pautas ideológicas del gobierno socialista de Asturias, que en este proyecto ha buscado más la democracia cultural, que los procesos participativos en su planificación.
No sé lo qué va a pasar con el Centro Niemeyer, pero para sacar adelante una estrategia que lo posicione internacionalmente con una singularidad. Que sea una lanzadera de talento local. Que vincule este territorio con otras regiones, en rutas y redes colaborativas, a través de la cooperación y las alianzas. Que contribuya a fomentar la diversidad y la creatividad. Va a necesitar de Avilés y de su gente.
Esta ciudad es creativa, es participativa, parafraseando aquel bolero, si la dejan. Avilés tuvo un pasado reciente, bastante glorioso en actividades artísticas y culturales. Proyectos hechos en equipo, desde la colectividad.
El vivo retrato, es una película producida por una colectivo de personas y entidades locales en torno a un núcleo dinamizador artístico nacido y criado en este territorio. Un grupo humano integrado por jóvenes, talento local, cuya principal actividad creativa se había desarrollado desde el teatro de aficionados. Los miembros de la compañía de teatro, Los Cátaros eran de Avilés, y cuando emprendieron la producción de la película, ya tenían un recorrido innovador y contestatario por el teatro de vanguardia en los escenarios asturianos. Estaban en el ajo, Mario Menéndez, con su hermano Juan, Fran Vaquero, el actor actor César Sánchez, entre otros más que merecen un tranquilo repaso. Aquí ahora quiero destacar la labor de un equipo creativo capaz e ilusionar e integrar a muchas personas en torno a un mismo fin. Su capacidad de organizar un proyecto tan complejo desde la afición, sin medios propios, bajo aquellas circunstancias históricas e histéricas, fue sin duda portentoso.
Es cierto que además lograron ese apoyo institucional por parte de un ayuntamiento sensible y cercano a las propuestas de la ciudadanía y a desarrollar los valores locales del talento. También contaron con otros elementos de la cantera teatral avilesina, que desde años se venía incubando en institutos y asociaciones. Arcos era otro grupo teatral de aficionados de entonces, que había abordado con decisión y rigor el teatro clásico y moderno. También con talento local, insisto. José Luís Hortal, inmenso director y actor, además de profesor de Química, o Enrique Tesier o el mismo Ripoll, entonces un miembro joven del equipo de funcionarios de la biblioteca pública de Avilés. Otros colectivos se sumaron al proyecto de hacer, nada más y nada menos, que una película de largometraje.
Y se hizo y además bien, yo no puedo contaros cómo fue el rodaje, o los prolegómenos, pero si ví la película. Fue muchos años después de que se estrenara en Avilés, en la Casa de la Cultura ya era el siglo XXI. Lo primero que me impresionó fue ver a todos actuando como profesionales, la dirección de Mario me sedujo desde el principio hacia la trama que me pareció misteriosa e inquitante. La sociedad replicante de los líderes de la tiranía, de la inteligencia, de la belleza, al gusto del cliente. Hijos a la medida de nuestras ambiciones. Un guiño de ciencia ficción, cargado de crítica social. La tecnología del Vivo Retrato hoy es posible, pero buscar el hijo diseñado, en el fondo no dependía del todo de la genética, sino de la voluntad de inculcar una cultura de antonomasias y paradigmas, donde los aforismos los pronunciarían esos discursos clónicos que sólo buscan devolver en el espejo la imagen de uno mismo como hérore, como creador, como padre modélico.
Avilés hizo esa película muy bien, y se lo debemos a aquel equipazo de personas que animaron con su talento a los demás para echar a volar juntos un proyecto colectivo.
A veces es bueno reflexionar sobre lo que hicimos y nos salió bien, para intentar aprender y reproducir esos procesos que funcionaron y repetirlos. Lo demás es seguir mirando y opinando. Me gusta el artículo de opinión cuando el relato es descriptivo, analítico, valorativo y, a poder ser, si establece un diagnóstico y plantea una posible solución. Puede ser que yo pida mucho, pero a mi edad uno ya tiene sus manías.
Y como a esto de opinar, uno se apunta desde diferentes aproximaciones, quiero confesar que yo no soy periodista, soy un animador sociocultural. Y mis relatos sobre la observación de la realidad, son en clave de desarrollo comunitario, y daré mi opinión desde el análisis técnico de los procesos sociales, la animación cultural y la educación para el desarrollo personal. Y como dice la Agenda XXI de la cultura, si me dejan contribuir a que cualquier acción posible desde la cultura, contribuya a que el desarrollo de esta colectividad sea sostenible.
No pretendo indignar nadie, la indignación, espero que sea como el desayuno, que cada quien venga desayunado de casa, uno debe venir indignado. Prefiero compartir reflexiones y si fuera posible concertar alguna acción en común, que vaya más allá de la indignación retórica y se concrete en intervenciones.
La opinión es diferente cuando uno la expresa desde el padecimiento, que cuando lo hace alguien desde las torres académicas, o desde las encuestas, incluso desde las crónicas de la observación detallada de la realidad pura y dura. Las condiciones de víctima y observador, sujeto y objeto en una misma persona, es complicado para la imparcialidad. No porque la indignación nos haga perder la forma, sino porque la indignación es la principal causa de la acción.