| (fotos del autor) |
Los que conocimos Avilés en los finales de los años 60 y los
70 del pasado siglo sabemos de lo insoportable de los niveles de contaminación
que existían en esa época. Pasar por el actual parque del Muelle era toda una
odisea: desde las instalaciones de Ensidesa llegaban oleadas de partículas que
no solo manchaban cualquier superficie sino que eran un peligro para los ojos.
Creo que fue una época dorada para los oftalmólogos. Al cabo de un año esas
partículas formaban la cantidad de varios kilos por habitantes. Por suerte eso
ya ha pasado. La propia Ensidesa puso filtros y controles. Y desde la primera Corporación
democrática en el Ayuntamiento avilesino eliminar la contaminación fue una de
sus prioridades. La calificación solicitada y concedida de municipio de alta
contaminación fue un paso decisivo, así como la creación de una concejalía y un
departamento dedicado a ese combate. Desde ese momento, paulatinamente, la
contaminación fue rebajándose, bien es cierto que en ello fue parte importante
también el saneamiento integral de la ría (que aún está por concluir
definitivamente a falta de los últimos flecos, consistente en que todas los
residuos industriales se viertan depurados y al colector correspondiente) y la
crisis económico-financiera mundial que redujo drásticamente las instalaciones industriales
en la comarca.
Pero la contaminación está repuntando cuando se creía que ya
era una cosa del pasado. Primero en la zona de San Juan de Nieva, con sus
instalaciones portuarias y almacenamientos de sólidos. Un área en la que la
Autoridad Portuaria conjuntamente con el Ayuntamiento avilesino ya había
actuado hace años para facilitar viviendas en otras zonas a la mayoría de sus habitantes.
Y ahora, en distintos puntos de la ciudad. La lucha contra la contaminación no
admite pausas ni relajamientos. Se necesita una vigilancia y controles permanentes
y una decidida voluntad para acabar con ella. No es de recibo que tras tantos
años de lucha, ahora volvamos –con menores niveles y continuidad, es cierto- a
tener que sufrirla. Sé que muchos, por lo menos algunos, apostarían por tener
la contaminación de antes junto con sus niveles de empleo. Pero eso ni es posible
ni permisible. Hay que desterrar por completo la contaminación, sin esa especie
de chantaje-como en baterías de coque- de perder empleos. Avilés necesita industrias,
pero no contaminantes y que puedan coexistir con la realidad cultural y
turística de la villa. A todos, y más a los foráneos, les asombra contemplar el
centro Niemeyer, reflejado en el espejo de la ría con el sonido ambiental de las chillonas gaviotas, y con el
decorado trasero de grandes nubes blanquecinas procedentes a todas horas del
día de las cercanas baterías.
El final absoluto de la contaminación tiene que ser el
horizonte político, social y económico del Avilés. Sin dudas, vacilaciones ni
esperas.
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