Aforismos

“De nada sirve al hombre lamentarse de los tiempos en que vive. Lo único bueno que puede hacer, es intentar mejorarlos”. 
Thomas Carlyle Historiador y ensayista escocés (1795-1881)
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Ruido y caos en la noche

Es una ciudad extraña esta en la que vivimos. Si uno echa un vistazo a las ordenanzas municipales, las hay para todo. Cualquier cosa está contemplada. Desde si se puede o no andar en patinete hasta los decibelios máximos que una fuente de sonido puede emitir. La mayor parte de las ordenanzas están hechas con meticulosidad, pero también con excepciones «ad hoc» escandalosas. La de ruidos, que hoy nos ocupa es un ejemplo: no se hace cumplir debidamente, como muchas otras. Y esto solo conduce a problemas, porque cuando, de repente, se intentan hacer cumplir, el perjudicado acusa al ayuntamiento de arbitrariedad. Se pregunta, claro, por qué ayer sí y hoy no.

Foto: La Nueva España
Hablemos de ruido en la tarde y en la noche. Sabugo siempre fue un barrio de marcha y alegría. Quién vivía en Sabugo hace unos años sabía lo que había: juerga hasta que los bares cerrasen; y lo aceptaba. Los cabreos empezaban cuando los horarios de cierre se estiraban y la vigilia se alargaba en exceso. Los vecinos protestaban, el Ayuntamiento intervenía, los hosteleros también protestaban también. Pero se llegaba a un equilibrio, y todos más o menos contentos.

Lo que ocurre ahora, sin embargo, es algo diferente, según cuentan vecinos de la zona. Primero, todavía en la tarde, botellón, hasta la hora de cenar. El resultado: las calles sembradas de cristales y otras basuras, y las losetas del suelo pegajosas. Luego una cierta calma y después, más «ambiente», a menudo bueno: gente por la calle, bares con música... En fin, soportable, hasta cierto punto. Pero la cosa no termina... Más tarde, cuando ya se adivina el amanecer, es cuando se pone seria. Empiezan los After hours, que recogen al personal que viene ya puesto, pero que quiere continuar la fiesta. Música a tope, gente «cocida» que se siente alegre, o superman directamente, conversaciones «filosóficas» a voces, alaridos, trifulcas, peleas, más cristales, vomitadas, cagadas, meadas... Ruido.

Foto: La Nueva España
Más tarde, sobre las 8 de la mañana, llega la brigada de limpieza.  Esto lo pagan los ciudadanos, con sus impuestos, por supuesto. Y todo queda fetén, dispuesto para volver a ser enmierdado la noche siguiente. A todo esto, los after, claro, siguen hasta el mediodía. Faltaría más. Y, naturalmente, los vecinos aguantando el tirón y en absoluto desamparo. Y quiénes debía de ampararlos, el Gobierno Municipal al que pagamos religiosamente, y la oposición, claro, a la que también pagamos, aletargados, o en estado vegetativo.
El Carbayedo: música a tope para cuatro (25/08, 3h.00)

Avilés tiene una ordenanza de ruidos un tanto particular. Permite, en época de fiestas (desconozco si los sábados entran aquí), su absoluto incumplimiento, no pone límites a la cantidad de ruido. Este año en Las Meanas podía oírse con toda claridad a la orquesta que tocaba en Versalles. Y en el Carbayedo se continuó, como siempre manteniendo con los ojos como platos a todo hijo de vecino de los alrededores hasta pasadas las 3 de la mañana de un día laborable para entretener a poco más de 50 personas que, imagino con protección auditiva, bailaban al son de una orquesta horriblemente mala.

Nadie está contra la fiesta, desde luego. Es necesario divertirse. Pero todo se puede, y se debe, conciliar... Solo que, quién tiene que mojarse, ni está ni se le espera. Van a tener razón aquellos que dicen que, a los políticos, los ciudadanos solo les preocupamos en época de elecciones. El ruido en Avilés es un ejemplo palmario de incapacidad política para tener el control de la ciudad.

El ruido y muchas otras cosas que tienen que ver con el respeto por los ciudadanos, por las personas, no son tenidas en cuenta por quien tiene la obligación de velar por ello. La noche de Avilés es un caos absoluto. Cualquiera puede hacer lo que le venga en gana, o al menos, lo parece.

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