Desde
lo local es imposible no estar afectado por los atentados de París,
por sus víctimas, por las consecuencias que las medidas reactivas
han tenido para los derechos civiles de la población francesa y para
la de las familiar de , indignados por sus orígenes. Todo nos llega
a este Avilés diverso y plural diría que idílico, pero los casos
de violencia que sucedieron en el término municipal, chiquito pero
denso en población, impiden que nos amemos más de la cuenta, menos
mal.
El
Ayuntamiento de Avilés saca pecho en la prensa, porque entre la
población de jóvenes con necesidades de ocio y tiempo libre, han
participado en una votación relacionada con los festejos del
carnaval en la ciudad, cerca de tres mil. Han participado votando el
programa temático ganador de las actividades para el Antroxu. Este
año será sobre Grecia, esos chicos de la filosofía, no los calvos
comunistas de Varoufakis. Y aunque participar siempre es bueno,
participar no es solo asistir, opinando sobre lo que otros hacen,
participación con la capacidad creciente de intervenir activamente
en el análisis y en el diagnóstico de lo que nos afecta, pero
además de tomar parte en la identificación de los problemas y de
las prioridades, con la capacidad de definir los objetivos, de
planificar, ejecutar, evaluar y gestionar las acciones. Solo se
aprende a participar participando.
En
todo proceso de dinámica de grupos integrador, el desarrollo de las
potencialidades personales de cada uno de los miembros del equipo, es
tomado en cuenta y motivado, ofreciendo espacios, herramientas y
procesos que contribuyan a su crecimiento personal, a mejorar su
calidad de vida y articular su integración ciudadana con su
activismo social.
Y
esto se hace poco en Avilés. En Avilés hay exclusión social, hay
familias que no llegan a fin de mes para comer, que tienen que pedir
ayuda a sus familiares o a instituciones de caridad. Tampoco pueden
disfrutar de actos culturales, no tienen para comprar una entrada al
teatro del Palacio Valdés, o a un concierto del Centro Niemeyer,
porque no tienen ninguna prestación, salario social o subsidio en
su casas, ni para ir al cine o comprar un libro.
La situación social
es precaria, cuánto tiempo creen, las excelentísimas autoridades de
Avilés, que les va a durar la paz. Cuánto creen que tardaremos en
despertar por el hambre de ese sueño de opio de la Isla de la
Innovación. Creen de verdad que la programación cultural del Centro
Niemeyer nos va a calmar el hambre y la sed de justicia social.
Cuánto creen que van a durar en el poder, mangoneando el presupuesto
al antojo de sus necesidades de élite cultural y política. Espero
que no me responda el lobo con su aullido.
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