Aforismos

“De nada sirve al hombre lamentarse de los tiempos en que vive. Lo único bueno que puede hacer, es intentar mejorarlos”. 
Thomas Carlyle Historiador y ensayista escocés (1795-1881)
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Excelentísimos constructores de cagaderos de perros

Los que vivimos parte de nuestra infancia y juventud en el franquismo, recordamos un chiste muy recurrente sobre un discurso de Franco. El dictador salía a dar sus filípicas desde el balcón del Palacio de Oriente ante una turba enardecida de seguidores de su pensamiento único. El dictador se dirigía ala gleba con su voz de castrati y soltaba aquello de “Españoles, luego de tres años de guerra, diez de post guerra y cuatro de sequía, hemos comprado un avión que no vuela. Pero españoles no os preocupéis porque las gallinas también tienen alas y no vuelan. ¡Españoles! ¿Quién come en España? (el pueblo a coro gritaba casi al unísono) Franco, Franco, Franco”. Es un chiste insulso, pero en aquel entonces buena parte del pueblo español era tan sumiso, que ante cualquier proclamación surrealista y descabellada de Franco, solía gritar el nombre de su amado líder, sin importarle la chorrada que acababa de hacer. Franco entonces se hacía llamar así mismo generalísimo, a pesar de comprar aviones que no volaban.


Dicen algunos que en España han cambiado mucho las cosas desde entonces, pero seguimos llamando excelentísimos a unos ayuntamientos. Esa excelentísima categoría estaría justificada si su gestión lo fuera, pero no. Es sólo un homenaje al gran gallego que nos sodomizó a todos durante casi cuarenta años. Para muestra un botón. El excelentísimo Ayuntamiento de Avilés realizó recientemente unas obras en el parque de las Meanas, una actuación muy controvertida por la tala injustificada de unos árboles centenarios. Para justificar esta falta de respeto al medio ambiente técnicos y políticos dieron todo un espectáculo de descordinación y contradicciones, echándose unos a otros la culpa, que si los árboles estaban enfermos, que no estaban tan enfermos, que fue una decisión de los políticos. En fín el daño ya hecho nos dicen que fue todo por el bien público, crear un espacio de ocio para los niños y los jubilados.

El área de los niños se amplió y se mejoró con un cierre perimetral, pero y el área de los ciudadanos de tercera edad. Recordarán los habitantes de la ciudad, que los anteriores espacios de petanca estaban debajo de los plátanos de sombra, esos que tuvieron a bien cortar los excelentísimos técnicos, con el beneplácito de los políticos locales. Los jubilados habían dejado de jugar allí por dos razones, una porque las ramas de los enormes árboles eran un peligro, como se demostró hace unos años, con la caída de una rama que causo la muerte a un ciudadano. La otra razón era porque el firme estaba lleno de enormes guijarros y no era apropiado para esa práctica deportiva. Pero ahora con la remodelación del parque, el excelentísimo Ayuntamiento les construyó a la derecha de la entrada del estacionamiento subterráneo, un nuevo espacio para jugar a la petanca, solamente uno.

Podría pensarse que un espacio nuevo y singular sería mejor que los anteriores, pero no, en este caso. La tierra que usaron es demasiada suave y suelta. Los profesionales de la petanca desde el primer día se dieron cuanta del error del material usado, las bolas no rodaban por el suelo. Poco a poco pasaron los días y los dueños de los perros sin civilizar, pronto usaron aquel espacio de recreo de la tercera edad para hacer las deposiciones escatológicas de sus mascotas. Y así quedó otra vez el dinero público burlado en manos de técnicos y políticos, otro desaguisado construído con dinero público un excelentísimo cagadero para perros. 



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