Bajo esa capa de corcho que alfombra el suelo no queda ni rastro de la antigua construcción que albergó el mayor ejemplo de representación teatral independiente en Avilés. En el más puro espíritu del Globe en Londres o los corrales de comedias en Madrid, la pista de La exposición fue el viaje a ninguna parte local, encarnado por actores de teatro que trajeron a esta villa la ilusión por el trabajo creativo y la proximidad del teatro esencialmente popular, antes de que el espectador se parapetase tras su butaca en recintos más serios pero con mucha menos alma.
Haciendo malabares con el escaso presupuesto pero, eso sí, sabiendo como hacer las cosas, los organizadores consiguieron que por aquí pasaran las mejores compañías de teatro de vanguardia: Dagoll Dagom, El Tricicle, La Cubana, Els Joglars, el monologuísta Pepe Rubianes: Sí…, los monólogos no los inventaron los de la Paramount Comedy, y tantos otros que nos hicieron amar el teatro.
Aquel lugar, con sillas de tijera y techo de uralita, se parecía a los antiguos salones y cines donde los sueños y la cultura aún no estaban divorciados de la vida. Y, como todo lo bueno, esto también desapareció; dejando un sabor amargo en los que tuvimos la suerte de haber estado allí y ahora vamos mucho menos al teatro, porque nos fatiga ese feísmo y pretenciosidad que en no pocas ocasiones invade las tablas del teatro moderno; donde la alegría secuestrada sueña con las canciones del Mikado de Dagoll Dagom o con los náufragos de El Tricicle.
Esto no deja de ser un sentido homenaje y una muestra de respeto y admiración hacia las gentes que consiguieron tanto con tan poco. Si de mí dependiese, montaría a unos cuantos gestores culturales en la lancha de Melilla y los desterraría para siempre al Hades de la posmodernidad. Dicho queda.
Luis Taboada



Mi profundo agradecimiento, Luis Taboada por este rescate de aquel Avilés ilusionado e inquieto que yo también tuve la suerte de vivir con intensidad, y que pensé se había escapado junto con mi energía juvenil. Como tú, fui asidua de aquellas noches de teatro en la Pista de la Exposición, que fueron referente de una manera de hacer cultura que nos hacía vibrar bajo los árboles del actual descarnado solar. Yo también perdí buena parte de mi afición al teatro. Una instintiva resistencia me alejó de los nuevos escenarios de la cultura, tan encorsetada, tan rígida... Una lástima.
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