En una ciudad se hace política pequeña, de cercanía, pero política al fin y al cabo. La política, por lo general debe estar orientada a mejorar la vida de los ciudadanos y a que la propia ciudad progrese en todos los ámbitos. Las decisiones no meditadas, en las que nada solo se tienen en cuenta intereses particulares, o partidistas, suelen corresponderse con grandes errores de consecuencias, muchas veces irreparables, que, en lugar de hacer progresar la ciudad, la hacen retroceder. Uno de esos errores gordos fue no haber realizado aquel plan de hacer una gran área comercial en lo que era, y es hoy el estadio de fútbol.Cuando se empezó a conocer el proyecto empezaron las ollas a hervir. Hubo quien pensó que detrás de aquello había intereses personales y urbanísticos. No sé si los había o no, de todos modos ya no importa. Las asociaciones de comerciantes, con una visión estrecha, ofrecieron la máxima resistencia y presentaron batalla. Se decía que El Corte Inglés aterrizaría allí y eso arruinaría al comercio local. Sí; los comerciantes fueron muy beligerantes; pero también aparecieron los que defendían el campo de fútbol allí, además lo querían nuevo porque el estado del actual era una ruina. Qué iba a ser eso de que el «glorioso» Real Avilés jugase en otra parte.
La batalla duró tiempo, y entre dimes y diretes llegó el periodo electoral. Como el proyecto era del PSOE, el PP, claro, se opuso. Ni siquiera pensaron que podía ser bueno para todos. Se pusieron del lado de los comerciantes y de los defensores del «glorioso», y ganaron las elecciones con el compromiso de renovar el estadio y a no permitir la «invasión» para acabar con el comercio de Avilés «de siempre». No tenían mayoría suficiente pero, en aquella, IU, se negó a soportar a un gobierno municipal del PSOE por razones que no vienen al caso. El PP gobernó e hizo lo prometido.
El tiempo pasó, los comerciantes estaban satisfechos del triunfo y los del fútbol también con un flamante estadio. Pero, en las afueras empezaban unas obras para una gran superficie comercial en el entorno de la Carriona. Nadie podía impedirlo, los hiper estaban de moda. Se instaló Continente. Pero, poco después por algún problema de índole legal, aquello acabó en manos de El corte Inglés. ¿Consecuencia? Muy simple: una gran empresa comercial a dos minutos de coche hace salir en masa
a la gente de Avilés a hacer sus compras serias. Los comerciantes se tiran de los pelos.
Recuerdo haber escrito algo por aquella época respecto a la estrechez de miras de los comerciantes y del PP. Un amigo, comerciante él, se manifestaba en desacuerdo sobre mi tesis de que, con El Corte Inglés en el centro de la ciudad, la gente de los alrededores entraría en Avilés a hacer sus compras, y aquello daría vida. Haría a Avilés un centro de compras de la parte occidental de Asturias. La gente de Cudillero ya no tendría razones para irse a Oviedo, o a Gijón. La vida comercial sería rica y variada... Unos años después, mientras compraba en su establecimiento, me confesó que el tiempo me había dado la razón, que no vendían lo que podría esperarse. La posición de los comerciantes había sido equivocada y la del PP nefasta.
La moraleja de todo esto es que los políticos no siempre tienen que hacer lo que la gente quiere, sino lo correcto, y lo correcto hubiera sido meter el gran comercio dentro para atraer a la gente de fuera. Ahora el comercio de la ciudad tiene que hacer malabarismos para convencer a la gente de que compre en él. Y la terrible consecuencia es que ese error configuró el paisaje urbano, con un paquebote en la explanada de la Exposición y con un sector comercial permanentemente agonizante porque los clientes se le escapan entre los dedos. Eso sí. Tenemos un bonito estadio que utilizan una vez a la semana unos pocos cientos de personas para ver al «glorioso», al que podrían animar exactamente igual estando en otra ubicación.


Lo que viene siendo mirar pal propio ombligo e interés, y nada por la ciudadanía. mal crónico y totalmente enquistado en nuestro ADN
ResponderEliminarNo fueron los comerciantes, fué un líder en concreto, uno de esos sabelotodo ignorantes de los que abundan en la villa, él que lanzó las campanas repicar y dijo que se acabaría el pequeño comercio local si el Corte Inglés se instalaba en la ciudad. Es un hecho que el comercio se está transformando, como lo hace el odio de las familias en el siglo XXI, sería bueno predecir esos cambios de conducta y de hábitos y adpatarse a ellos, pero para eso hacen falta conocimientos certeros de lo que necesita y espera el cliente. Y esos conocmientos no se improvisan hay que hacer estudios cuantitativos y cualitativos que nos permitan ponderar las tendencias y así poder modernizar nuestras estrategias comerciales.
ResponderEliminarPerdón, donde dice odio, debe de ser ocio.
ResponderEliminar